EFICIENCIA ENERGÉTICA PARTE I: ANTECEDENTES HISTÓRICOS

EFICIENCIA ENERGÉTICA PARTE I: ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Actualmente, aunque no nos demos cuenta, la eficiencia energética ha pasado a formar parte de nuestra vida, en algunos elementos incluso demandamos que los productos sean más eficientes: electrodoméstico, sistemas de climatización, vehículos, dosificadores para reducir el consumo de agua, luces, etc. Sin embargo, en la construcción y especialmente en la reforma, hemos observado que los consumidores finales son menos exigentes, a pesar de ser nuestras viviendas y nuestros lugares de trabajo, donde más energía consumimos.
Para fomentar la sensibilidad de nuestros clientes en esta materia, pretendemos realizar una serie de publicaciones en nuestro blog sobre la eficiencia energética. En esta primera entrega intentamos hacer una aproximación histórica que nos ayude a conocer los motivos y el contexto que provocaron los inicios legislativos vinculados a este sector.

EFICIENCIA ENERGÉTICA PARTE I: ANTECEDENTES HISTÓRICOS.

El mundo se ha desarrollado basándose en la obtención de energía procedente de los combustibles fósiles. A partir de la revolución industrial, a finales del siglo XVIII, el consumo de energía se incrementa exponencialmente, siendo inicialmente el carbón y el gas los más usados, tal como muestra la siguiente gráfica.

consumo_energia

Los factores que más han influido en el aumento de la demanda energética han sido:
• El crecimiento demográfico que durante el siglo XX ha experimentado el planeta, pasando de unos 1.500 millones a principios de siglo a más de 6.000 millones de habitantes a finales, incremento que no cesa superando actualmente los 7.000 millones.
• El crecimiento del nivel de confort demandado por la sociedad, cuyo aumento lleva parejo un incremento de la demanda energética.
• La incorporación del petróleo como combustible más usado a partir de 1964, el desarrollo de la industria de manufactura, transportes, alimentación y cualquier otro tipo de bienes de consumo.

No es hasta 1973, con la Crisis del Petróleo, cuando este modelo de progreso no recibe su primer gran revés. Pasamos a ser consciente del futuro agotamiento de los recursos naturales y se busca diversificar las fuentes de energía, lo que conlleva a un auge de las centrales nucleares.
La fuerte demanda de energía no hace más que incrementarse, que ayudado por las intensas deforestaciones; accidentes nucleares (Chernobil en 1986); las economías emergentes que disparan el consumo de energía y más recientemente el denominado Calentamiento Global, Hace que aparezca en nuestras vidas un nuevo concepto: la sostenibilidad.

El origen de la palabra sostenibilidad se sitúa en 1987 con el informe socio-económico Brundtland elaborado para la ONU, donde se utilizó por primera vez el término desarrollo sostenible, definido como “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”.
En la actualidad, al menos en la parte del mundo desarrollado, ya se tiene consciencia de las necesidades de ahorro de energía. Empieza a ser común el uso de fuentes de energía alternativa consideradas más limpias, como la energía solar, eólica, la biomasa o la hidráulica. Lo cual comprobamos en la siguiente gráfica sobre la procedencia de energía primaria en España.

 

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Además, tras el terremoto y tsunami de Japón en marzo del 2011, y el consiguiente accidente nuclear en la central de Fukushima, se vuelve a poner en entredicho la seguridad de las centrales nucleares y algunos países ya han mostrado su rechazo a las mismas. Lo cual nos lleva a pensar que en el futuro necesitaremos nuevas fuentes de energía para poder mantener la demanda, que sin duda seguirá creciendo.

Si nos centramos en la demanda de energía de las edificaciones, en la Unión Europea el 40% de su consumo corresponde a los edificios. Esto representa emisiones de CO2 a la atmosfera de unos 840 millones de toneladas, que provienen principalmente de la climatización y, en general, del uso de energía de los edificios, tanto públicos como privados. Por tanto podemos afirmar que la eficiencia energética de los edificios es un factor clave para la sostenibilidad del planeta.
Para conseguir edificios más sostenibles debemos reducir la demanda de la energía y esto lo logramos actuando sobre dos factores:

• El uso de instalaciones más eficientes y que, por tanto, no precisen de un gran consumo para lograr la habitabilidad y confort que necesitamos en nuestros edificios.
Reducir las transmisiones de energía y la transferencia de humedad entre las zonas habitables de nuestros edificios con aquellas partes no habitables o con el exterior, lo cual conseguimos mejorando su envolvente térmica que conlleva la reducción de pérdidas de energía por climatización. Es decir, aislando.

Dentro de todo este contexto, podemos concluir la necesidad de rehabilitar energéticamente los edificios, de modo que reduzcan su demanda sin perder su confort.
Por ello, aconsejamos siempre que al reformar una vivienda prestemos especial interés a sus aislamientos. Podremos reducir el consumo energético y por tanto el gasto.

Vicente Juan. Espacio Mas Abierto.

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