REFORMAR O COMPRAR

REFORMAR O COMPRAR

Durante el último año, sois varios los que nos habéis trasmitido que os resulta difícil elegir entre comprar una vivienda o reformar la vuestra. Por ello, hemos pensado realizar esta publicación para intentar ayudaros en vuestra decisión.
En primer lugar debéis tener en cuenta cuál es el uso de esa vivienda: vivienda habitual, segunda residencia, vivienda para alquilar o una inversión a largo plazo. Como creemos que la mayor de las dudas os surgen en la primera nos vamos a centrar en ella; ¿qué hacer? cuando nuestra vivienda habitual no cumple con nuestras necesidades actuales.
Sin duda el primer punto a estudiar es la dimensión de la vivienda, si existe imposibilidad de ampliarla, aunque se maximicen todas las estancias y se creen espacios multifuncionales en ella por medio de una reforma bien estudiada, resulta en ocasiones inviable o económicamente poco rentable lograr las dimensiones mínimas que una familia puede necesitar. Por tanto, debe estudiar el mercado inmobiliario para buscar la vivienda que se adapte a sus necesidades.
Existen otros dos puntos que pueden suponer un hándicap a la hora de reformar la vivienda habitual, la situación y la orientación. En el primero influye el entorno, el barrio, los vecinos, las vistas, los servicios que ofrece la zona, el aparcamiento, etc. Lógicamente ninguno de ellos puede modificarse con la reforma y sólo los podremos cambiar viviendo en otro lugar. Sin embargo, las desventajas que suponen una mala orientación, en ocasiones, se pueden minimizar en el proceso de diseño de una buena reforma, por ejemplo redistribuyendo la posición de las estancias, aislando las fachadas, cambiando las ventanas o con un eficiente sistema de climatización. De modo que si tu vivienda tiene una buena situación y unas dimensiones adecuadas, no la cambies por su orientación, ponte en manos de profesionales que sabrán adaptarla para minimizar las consecuencias de este aspecto.
También influye en la decisión de comprar o reformar una vivienda, el estado general de la finca donde se ubica. Indiscutiblemente, cuando los elementos estructurales de un edificio están afectados hay que sopesar la viabilidad de reformarla y nunca hacerlo antes de resolver sus problemas. Si el mantenimiento del edificio está siendo deficiente y la mayoría de los propietarios no tiene voluntad de solucionarlo, aunque la actual legislación nos ampare, los problemas se pueden alargar en el tiempo creando una desazón que influye negativamente en la voluntad de querer seguir viviendo allí, busca otra vivienda. Si no es el caso, aunque el edificio sea antiguo y, por tanto, tu vivienda también, no renuncies a ella por este hecho. Hay que pensar que la vida útil de un edificio es muy larga si se mantiene en condiciones, no te dejes influenciar por el aspecto exterior del edificio, ni de sus zonas comunes, pídeles únicamente que desempeñen las funciones básicas que deben cumplir, considera tu vivienda a partir de tu puerta de entrada y refórmala para adaptarla a tus necesidades.
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Si descartamos las calidades de los acabados de la vivienda que normalmente se mejoran con la reforma, sólo nos queda comentar la distribución interior de la vivienda. Actualmente la mayoría de nosotros no queremos una vivienda para enseñar sino para vivirla, no necesitamos estancias independientes para cada labor, de modo que podemos sustituir la biblioteca por la zona de lectura, el despacho por la zona de trabajo, la sala de juegos por la zona de juegos… y además somos conscientes que no solemos gastarlas todas a la vez, por tanto podemos unificar estancias creando espacios mayores pero multifuncionales adaptados y personalizados, que sólo se pueden encontrar con una colaboración fluida entre el propietario, el proyectista y el encargado de acometer la obra. Si lográis implicaros y encontrar personas de confianza, capaces y profesionales para llevar a cabo vuestra reforma, siempre será la mejor opción y conseguiréis que la vivienda se convierta en un verdadero hogar.

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